CasAbierta recibe a unas 130 señoras por año y las acompaña en sus decisiones
Existe una congregación dentro de la Iglesia Católica que trabaja directamente con víctimas de explotación sexual y trata de personas. Sus miembros visitan prostíbulos, ofrecen atención gratuita y acompañan a las mujeres en sus procesos. Se acercan a situaciones durísimas y permanecen junto a quienes sufren.
Se trata de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, fundadas en 1864 en Madrid, España. Llegaron a Uruguay en 1932 y desde 1994 llevan adelante el programa “CasAbierta”, un centro de atención para aquellas que están en situación de prostitución y/o son víctimas de trata para la explotación sexual.
Tres hermanas argentinas y ocho laicos uruguayos trabajan en el proyecto, que tiene su sede en el cruce de los barrios Aguada y Villa Muñoz. Unas 130 mujeres transitan todos los años por ese sitio, además de los miles de contactos que se realizan.
Victoria Capurro, licenciada en Trabajo Social y miembro del equipo coordinador de la institución, explicó que la labor tiene tres aspectos: el contacto con la población objetivo, servicios en el centro y la participación en diversas redes.
El contacto con las mujeres se realiza en los lugares donde suelen estar. “Vamos a la búsqueda de las que están trabajando en los prostíbulos, en la calle, en la ruta y en los hospitales donde se atienden para el control de salud”, mencionó. “Priorizamos el contacto y generar un vínculo de confianza a partir del cual ellas puedan decidir acercarse o no”, agregó.
Suelen ir a las conocidas como “zonas rojas” y se acercan con el material que las identifica: un folleto con información, datos de contacto y el anuncio de atención psicológica, social y jurídica gratuita. “En los prostíbulos nos juntamos con las mujeres en grupos, no solemos tener instancias individuales. Nos reunimos donde ellas esperan a los clientes. En general tenemos algún contacto inicial de una ex trabajadora sexual o con las encargadas, que ya nos conocen y habilitan el ingreso. En tanto, en el hospital se da más el contacto. Nos acercamos, les damos el material, ofrecemos la propuesta. El equipo de salud ya nos conoce y a veces nos recomienda ante las mujeres. Nos plantean sus problemáticas y vemos cuál es la propuesta más adecuada”, abunbdó la trabajadora social. En el hospital hacen unos 200 contactos por mes.
Después de toda esa siembra, algunas mujeres se acercan a CasAbierta en busca de asesoría o de algo mucho más básico: la escucha. Comentó la integrante del equipo coordinador: “A veces simplemente necesitan ser escuchadas y esa es una puerta de entrada. Vemos qué les podemos ofrecer; algunas veces será en lo laboral, otras vienen con la decisión de no trabajar más y las acompañamos. Si su decisión es seguir, la acompañamos para que las condiciones sean las mejores, menos inhumanas. No es que vengan y les exigimos que salgan de la prostitución, porque esa es su realidad y ¿qué alternativas tenemos para ofrecer? Sería muy hipócrita decirles que salgan. Siempre que las mujeres decidan hacer unos cambios, aunque sean mínimos, los acompañamos”.
Acompañar en las decisiones
El objetivo de CasAbierta es acompañar a las mujeres en las decisiones que toman y sensibilizar en relación a la prostitución y trata. No pretenden que se deje la prostitución, y de hecho son pocas las que salen de ese entorno. “Es un proceso psicosocial, se busca que la mujer decida qué hacer de su vida. Capaz que uno desearía que eligieran otras cosas pero hay que respetarlas por su propia historia de vida. Más que para que dejen de ejercer, trabajamos para que se den cuenta de sus propias decisiones y su propio proceso. Que puedan ser críticas de lo que están viviendo. Y desde ahí quizá entienden que la mejor decisión es dejar”.
Esto es particularmente complejo, explicó Capurro. Aquellas que tienen menos de 35 años, en general no ven otra posibilidad. Y las mayores, tienen una salud -física y mental- muy deteriorada y no logran salir adelante. “Les presentamos propuestas y no pueden cumplir ni las mínimas cosas. Han pasado por muchas situaciones y están muy deterioradas. Para las más jóvenes es también difícil porque tienen un ingreso bastante bueno y, si se les propone otra cosa, no lo ven posible. En general, además, hay una familia atrás que no lo permitiría”, agregó. Muchas veces las familias se acostumbran a un tipo de ingreso (producto de la prostitución) y cuando la mujer encuentra otra alterativa laboral, le quitan el apoyo porque no suele ganar tanto dinero como antes.
En CasAbierta son testigos de situaciones de trata y luchan para cortar con ese fenómeno. La trabajadora social describió esta realidad como “muy común”, no solo a nivel internacional sino sobre todo dentro de Uruguay; mujeres que son llevadas a varios departamentos y en situaciones de mucha presión.
Denunciar ante las autoridades “siempre es una posibilidad”, pero es decisión de las mujeres y por lo general no se animan. La realidad, otra vez, es compleja. “Podemos acompañar una denuncia pero no tenemos mecanismos de protección para ellas. Es un riesgo. Y hay que trabajar con ellas todo ese proceso que es largo, angustiante y a veces lo abandonan. Otras veces vuelven con el mismo proxeneta… es muy difícil la realidad de la trata”, indicó la trabajadora social.
Resiliencia y religión
“Las mujeres tienen gran capacidad de resiliencia, a ninguno de nosostros nos sería simple. Han pasado por todas las situaciones de violencia, opresión, miedo, y se han podido fortalecer para salir adelante. Para muchas de ellas la explotación ha sido parte de su vida. Lo mismo que la violencia, el consumo. Les devolvemos esa resiliencia para que se sientan bien y reconozcan que pueden. El potencial de las mujeres es muy grande”, agregó Capurro.
Ahí está el carisma de la congregación, en acompañar a las mujeres en sus procesos, en el escenario de lo posible y de a poquito. En lo que hace a la vida espiritual de las que se acercan a la obra, se sigue la misma línea: acompañar. “Se trata de que puedan transitar su espiritualidad desde el lugar que consideren, y que lo hagan de la mejor manera posible. Muchas de ellas provienen de religiones umbandas y tienen relatos que realmente asustan. Nosotras les damos una mirada crítica, no porque no sean católicos sino por su cuidado, porque a veces las exponen y colocan en riesgo. Pero no necesariamente tienen que transitar la religiosidad desde el punto de vista católico”.